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Cuando se vive dentro de un cuerpo equivocado: la transexualidad


Nivel superior Sociedad


El de los transexuales es un largo y tortuoso camino. Cierto es que por fin pueden acceder a operaciónes quirúrgicas de cambio de sexo satisfactorias, en algunos países incluso sufragadas por la Seguridad Social, pero ninguna sociedad del mundo está todavía preparada para integrarles en su seno sin traumas.

Si el transexual estaba casado antes de su operación, ¿que validéz tiene ahora su matrimonio?, la nueva mujer que antes fue hombre, ¿quedará exenta del servicio militar?, ¿o tendrá la obligación de hacer el servicio militar? Un transexual ¿deberá ir a la cárcel de hombres o de mujeres? A la luz de éstas cuestiones, parece evidente que el simple hecho de operarse las mamas, implantarse un pene, hacerse construir una vagina o incluso inscribirse en el registro civil con un nombre distinto, no resulta suficiente para terminar de adoptar plenamente el género contrario.

La transexualidad se ha convertido en la más espectacular de las variantes sexuales debido a su naturaleza especial, al avance de la medicina y el caso de algunas personas famosas. Las estadísticas con las que contamos no son muy claras al respecto, aunque la mayor parte coincide en que uno de cada 20 mil hombres y una de cada 50 mil mujeres quieren cambiar de sexo.

Al contrario de lo que ocurre con los travestidos, a los cuales les basta con vestirse y actuar a la manera del género opuesto para satisfacer su identidad sexual, los transexuales solo alcanzan la tranquilidad emocional al ver cambiados los rasgos de su cuerpo.

El quirófano: para muchos la única solución


La mayoría de los transexuales accede a tratamientos hormonales y químicos ante el temor de la cirugía, el desconocimiento de los nuevos procedimientos en la medicina reparadora, la imposibilidad de costearse la intervención o el infundado miedo a perder para siempre su capacidad sexual. Aquellos que aún así, se animan a dar el paso decisivo hacia el quirofano, verán cambiado radicalmente sus vidas.

Los médicos aconsejan comenzar el proceso con unos análisis psicológicos y hormonales para determinar si el paciente necesita realmente la operación. Porque si no se realiza un examen a profundidad y serio las consecuencias pueden ser graves. El segundo paso consiste en la modificación del aspecto externo mediante un tratamiento químico destinado a potenciar los carácteres del sexo opuesto y anular los del propio. Esta medicación no está exenta de riesgos, cómo disfunciones hepáticas en los hombres y peligrosas concentraciones de prolactina en las mujeres. Únicamente si el individuo así tratado muestra durante un largo periodo de tiempo estar capacitado para la vida con su nuevo aspecto físico, los especialistas aconsejan acudir al quirófano.

Aproximadamente cinco horas se requieren para el cambio de sexo cuándo se trata de convertir a un hombre en una mujer y doce en el caso opuesto. La razón de ésta diferencia reside en que la construcción quirúrgica de los genitales femeninos resulta bastante más fácil que creación del aparato sexual masculino. En el proceso varón - mujer la intervención consiste en la extirpación de los testículos y el pene, la supresión eléctrica del vello y la construcción de una vulva con la piel sobrante del pene y el escroto. En el caso inverso, la operación e extirpación de mamas, trompas y ovarios no entraña más dificultad, pero la faloplastía (construcción de pene a partir de los tejidos cutáneos de otra parte del cuerpo, generalmente los brazos) resulta demasiado complicada.

Es imposible dotar al nuevo miembro de capacidad de erección espontánea, aunque si se pueden injertar dispositivos hidráulicos similares a los que usan algunos hombres aquejados de disfunción eréctil. De todos modos, la satisfacción personal con su nuevo cuerpo es idéntica en ambos géneros.

En México una operación de esta naturaleza cuesta aproximadamente 50 mil pesos (5 mil dólares aproximadamente). Ninguna institución médica pública la lleva a cabo. Hubo algunos intentos en el hospital Manuel Gea González, pero se canceló el programa debido a la inexperiencia en tratamiento y diagnóstico de la transexualidad.

Algunas clínicas en Tijuana y Baja California, llevan a cabo la operación así como algunas en el Distrito Federal. Pero la cosa no acaba allí.

En México el transexual no cuenta con recurso legal que se le permita cambiar su nombre y el sexo al que pertenece en documentos nacionales como el acta de nacimiento, la credencial del IFE, o el pasaporte. Ante ello el transexual debe vivir con papeles que hacen su vida muy difícil

La integración en la sociedad


Superados todos los trámites legales, es la sociedad quién tiene la palabra. Los casos de transexuales plenamente integrados son rarísimos. La mayoría de las veces, la contradicción entre la apariencia física y el nombre registrado oficialmente cierra las puertas para conseguir un puesto de trabajo normal. Por eso, muchos de estos hombres y mujeres que por fin han conseguido recuperar la apariencia que la naturaleza les robó, la única salida es la prostitución o, en el mejor de los casos, el mundo del espectáculo. Solo una minoría logra acceder a un empleo satisfactorio e incluso, a rehacer su vida sentimental.

Asociaciones en apoyo en lucha contra de los prejuicios


Todavía queda un largo camino por recorrer. Las asociaciones de ayuda al transexual, como la mexicana EON y la francesa Altair, deben luchar contra demasiados prejuicios. Aunque no dudan en recomendar, basándose en las experiencias de sus asociados, el cambio de sexo a aquellos que sufren por su condición.

Antes de la transformación, un transexual es un individuo que se odia así mismo; repudia sus órganos sexuales e incluso se los arrancaría si pudiera. Vive constantemente con la sensación de estar atrapado en un cuerpo que no es el suyo. No es un homosexual, ya que asume las relaciones con la misma naturalidad que un heterosexual. En realidad está manifestando una homosexualidad anatómica y una heterosexualidad psíquica.

La decisión de cambiar de sexo en la sala de operaciones no es sin duda difícil de tomar. Los que se atreven han de luchar contra una falta de comprensión generalizada. Existe mucha gente, que por ejemplo postula que el transexual no es ni hombre ni mujer sino que pertenece a un tercer sexo indefinido. Aseveraciones así unicamente se pueden enfrentar con gran dosis de coraje, quienes merecen el respeto de todos.

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